AL ENCUENTRO DE LA PALMA ROMANA

III
LAS PRIMERAS MURALLAS



II. EMPLAZAMIENTO: HOMBRE Y GEOGRAFIA

III. LAS PRIMERAS MURALLAS

IV. EL PRIMER PLANO
DE PALMA

V. BASE DE DATOS
(FORMATO ACCESS)


VI. ULTIMAS INVESTIGACIONES

VII. ¡ PASEATE POR LA CIUDAD!



EL PERÍMETRO ORTOGONAL: LAS TRAZAS DE LA MURALLA

En el estudio histórico de las ciudades existe una ley que ha sido llamada “Ley de permanencia del plano”. Su definición es simple :

Las líneas divisorias de las propiedades del suelo tienden a mantenerse en el tiempo, sobreviviendo a las sucesivas generaciones de edificios, que se ciñen una y otra vez -siglo tras siglo- a aquellos límites.

En efecto, un análisis cuidadoso del plano viario actual  y del plano parcelario actual de una ciudad nos permitirá rastrear permanencias que a veces mantienen las alineaciones en planta de elementos construidos -una muralla, una calle, un acueducto, un teatro etc.- que desaparecieron como tales hace siglos. Pero se mantiene su contorno, de igual manera que un fósil deja su impronta en la roca, y nos permite detectar su existencia miles de años después.

Ni los criterios urbanísticos islámicos, ni una posible intervención cristiana posterior al siglo XIII, podrían ser responsables de las coincidencias geométricas que se observan sobre el plano parcelario actual en el área dónde suponemos que se asentó la ciudad romana de Palma. Los islámicos, porque sabemos que eran ajenos a este tipo de planteamientos, y, los cristianos, porque sabemos que este área estaba ya consolidada en 1229.

En el tejido urbano actual del área en la que se asentó la ciudad romana pueden, en efecto, encontrarse reminiscencias o permanencias relacionadas con un orden geométrico de ortogonalidad o paralelismo que no pueden achacarse más que a la idea de regularidad que estaba en la base del urbanismo romano.

    



Veamos, sobre el plano actual de la ciudad, cuáles son esas coincidencias geométricas que hacen referencia al trazado del perímetro amurallado y cuáles son las consecuencias razonables que de ellas pueden extraerse

 1. Observemos el lienzo DD´de muralla que hoy se encuentra inmediato a la Catedral por el lado del mar. Los dos tramos extremos, DX y ZD´, aparecen perfectamente alineados.

Sabemos que la base de este lienzo de muralla, se encontraba -antes de la construcción de la muralla renacentista- al borde del mar, tal como todavía podemos ver en el cuadro anónimo del Ayuntamiento de Palma del siglo XVII. Estaba por tanto muy expuesto a la acción del mar, y sabemos que hacia 1499 sufrió un desmoronamiento parcial que estuvo a punto de afectar al propio edificio de la Catedral y también al Palacio Episcopal. Es por tanto probable que los dos tramos alineados no respondan a una ubicación casual sino que, en origen, pudieron formar parte de un único lienzo, de planta rectilínea.

2.  En los puntos señalados en el plano con las letras A y A´ existían en 1229 dos puertas de las que se tiene noticia documental precisa. La puerta a la que llamaremos medianam, en el extremo superior de las escaleras en la Costa de la Seo, y la Puerta Valldigna (o Volta de N´Aulessa) en el recodo de la actual San Pedro Nolasco/Miramar, están unidas por un eje exactamente paralelo a la recta de aplicación de los dos tramos alineados de la muralla del mar antes descrita. La coincidencia es de una exactitud tal que tampoco parece sensato achacarla al azar.

3. La única calle excavada de la ciudad romana de Palma que ofrece garantías de serlo, es la que corresponde a la prolongación de la calle San Roque, en el tramo situado en el interior de las dependencias de la Catedral. Esta calle resulta ser exactamente perpendicular al eje AH que forman las dos puertas mencionadas en el punto 2 y, por tanto, a la muralla del mar.

4. La hipótesis apuntada en el capítulo anterior del trazado global de la muralla romana ateniéndose a una lógica topográfica, sugiere la posibilidad de que la base de la muralla de fachada del Cassar-Almudaina (frente a la puerta principal de la Catedral) formara parte del trazado primitivo de la muralla romana, puesto que se encuentra situada al borde del acusado desnivel que aparecía en el terreno original. Pues bien, esta posibilidad viene reforzada por el hecho de que esta muralla aparece asimismo perfectamente perpendicular a la muralla del mar.
Y también, por tanto, perpendicular al eje AA´, y paralela a la calle San Roque.

5. El muro de cerramiento del jardín del Palacio Episcopal (D´A´), por el lado Este  tiene un grosor de unos 180 cm. y constituye otra  permanencia del recinto romano que ha sido confirmada por excavaciones arqueológicas recientes. Este muro aparece también sensiblemente paralelo al muro de fachada del Cassar-Almudaina, y perpendicular, por tanto, primero al eje AA´ que une las puertas Mediana y Valldigna, segundo a la línea de aplicación de los dos tramos DX y ZD´ de la muralla del mar.

6. A la vista de la precisa perpendicularidad detectada entre el trazado de la muralla del mar y la fachada de la Almudaina Real, cabía la posibilidad de que las actuales torres de la fachada de acceso al Cassar-Almudaina fueran  permanencias de la primitiva muralla romana, al menos en sus bases de apoyo. Esta hipótesis nos condujo a una sencilla búsqueda : la de la posible existencia de las correspondientes reminiscencias de las hipotéticas torres simétricas, en el lienzo de muralla opuesto, que no es otro que el del Palacio Episcopal.


LA LOCALIZACIÓN DE LAS TORRES SIMÉTRICAS:

La fachada de la Almudaina sabemos que tuvo 4 torres (ABCD en la figura superior) Si bien hoy sólo tres permanecen, la ubicación de la cuarta -demolida para construir el edificio de la Sala de armas -es perfectamente conocida por planimetrías del siglo XVII y XVIII  y también por documentación referente a la reforma de la Almudaina. Sabemos que ocupaba la esquina del Cassar (A) al borde de la puerta medianam. A  tenor de la rigurosa ortogonalidad detectada en los tres tramos de muralla descritos (Cassar, Mar, Obispo) parecía probable que -si efectivamente estábamos ante una reminiscencia del muro romano- las cuatro torres del Cassar presentaran, en el proyecto romano, una correspondencia con las que pudieran existir en el lienzo opuesto, es decir, el actual muro de cerramiento del jardín episcopal en su límite Oeste.

La búsqueda se inició por la torre desaparecida, la más alejada del mar, junto a la puerta 1. Su gemela debía encontrarse, pues, junto a la puerta 2. La fotografía anexa -muestra los restos de esta torre, ya conocida, que son apreciables a simple vista. La dimensión longitudinal de la base rectangular es de unos 7 metros y los muros están hechos de mampostería y tapial. Según la planimetría del siglo XVIII  esta torre tiene la misma dimensión que tenía la desaparecida torre del Celler, que era por tanto gemela de la del jardín episcopal, tanto en dimensiones como -lo que resulta más significativo- en ubicación.


     La torre A' en el Jardín Episcopal.

La búsqueda de la “segunda torre” presentó mayores problemas. En el lugar en el que debía emplazarse nos encontramos con tejido edificado de reciente remodelación. La primera referencia planimétrica  a investigar era el plano parcelario catastral actual, que podía presentar en ese punto exacto algún retranqueo que pusiera en evidencia la posible permanencia. Nada de eso ocurría.



La torre C' adosada al Palacio Episcopal.

Pero la tercera torre (C´) fué localizada sin esfuerzo : aparece claramente diferenciada en el plano parcelario como un contorno rectangular adosado a la parcela del Palacio Episcopal, y con la medida exacta de su torre gemela (C) en la Almudaina. Quedaba comprobar sobre el terreno si esa huella planimétrica -suficientemente significativa en sí misma-  mantenía en la realidad material algún rastro discernible de una torre de muralla. El volumen, aunque pertenece a la parcela Episcopal, forma parte del edificio adyacente, un edificio de viviendas con acceso desde la calle Miramar : aparece absolutamente ciego y macizo hasta la altura de la segunda planta, presentando en esta planta una especie de cavidad que sin duda se consiguió vaciando parte del interior de la torre que aparecía macizada de tapial. Esta torre es, además, perfectamente visible  desde los alrededores porque sobre ella se construyeron posteriormente varias plantas más, de manera que su perfil destaca claramente sobre las cubiertas vecinas.

Queda la cuarta torre (D´), que debería ubicarse en el extremo Este de la fachada marítima del Palacio Episcopal. No hemos encontrado rastro por el momento, pero hay que decir que tratándose de la torre que configuraba la esquina, y estando ubicada en el frente marítimo, pudo haber sido abatida por los temporales -como seguramente ocurrió con las restantes en el frente marítima - antes de la construcción del Palacio Episcopal. En cualquier caso, no parece imprescindible su búsqueda a la vista de la contundencia de las torres encontradas : la regularidad geométrica del trazado de la muralla en tramos perfectamente ortogonales se ve aquí corroborada por esta réplica exacta que dos de las cuatro torres del muro de la Almudaina encuentran en su tramo homólogo del lado de levante.

Todo indica por tanto que el diseño de esta muralla proviene de un proyecto  cuyo replanteo sobre el terreno debió ser previo a la edificación del tejido interior, que hubiera dificultado un trazado a cordel de esta exactitud.


Imagen del primer recinto amurallado antes de su ampliación.

OTROS INDICIOS O COINCIDENCIAS:

La fachada marítima presenta también coincidencias que permiten plantear una hipótesis acerca de la disposición de la muralla en este borde. En la hipótesis que presentamos en la figura inferior la separación entre las torres extremas de este lienzo y la separación entre cada una de las torres intermedias, corresponden a valores múltiplos del pie romano (120 pies). La hipótesis planteada establece una distribución de 6 torres manteniendo separaciones similares a las que aparecen en la fachada principal de la Almudaina. El hecho probable de que este lienzo marino estuviera en origen reforzado por torres es constructivamente explicable si tenemos en cuenta que en el momento de su ejecución esta muralla estaba sometida a los embates marinos, y las torres actuaban a modo de contrafuerte. Documentos de los siglos XIV, XV y XVI, confirman que este tramo de muralla estaba permanentemente amenazado por la acción del mar. Si tenemos en cuenta que para entonces la muralla tenía más de mil años de existencia, no es de extrañar que estas torres hubieran sido abatidas en su mayor parte a lo largo de estos siglos. El detalle del óleo anónimo de la ciudad antes mencionado deja ver todavía una de estas torres, que ya ha desaparecido en el plano de Garau de 1644. La ubicación de esta torre coincide con mucha aproximación con una de las que aparecen en la hipótesis planteada (E).


Trazado hipotético de las primeras murallas romanas (K-D-D'-H-K) y su porible ampliación (H-L-N-K) sobre el plano viario actual.

La prolongación del tramo de calle romana excavado en la Catedral (calle San Roque) viene a pasar por el punto -que se conoce con bastante aproximación- donde se situaba otra de las puertas del recinto de la Almudaina Mayor en 1229- la puerta Pintada- que bien podría haber permanecido en este lugar desde su origen, puesto que conecta con el camino natural de salida de la ciudad hacia el norte de la isla.

 Teniendo en cuenta que esta calle de San Roque corta al eje 1-2 en un punto próximo a su centro geométrico, parece razonable contemplar la hipótesis de que estamos ante los dos ejes principales de la ciudad, que inevitablemente vertebraban los campamentos romanos de nueva planta : 1-2 de poniente a levante sería el DECUMANUS, y la alineación correspondiente a la calle San Roque y su prolongación, en dirección Norte-Sur, sería el Cardus MAXIMO. Dos ejes perpendiculares que terminan en puertas de la ciudad enlazando con los caminos principales : el Decumanus se prolongaría siguiendo los caminos, a levante y poniente, paralelos al mar (calles San Alonso y Apuntadores respectivamente) ; el Cardus enlazaría con la calle de la acequia (San Miguel) que es el antiguo camino hacia la cordillera noroeste. Una bifurcación exterior próxima a la ciudad, daría salida al camino hacia el centro de la isla y hacia Pollentia (hoy calle Sindicato).

La separación entre ejes de las torres A y B es de 35,28 metros, que corresponden a 120 pies romanos (1 pie = 29´4 cm.), medida muy usual en el replanteo de murallas en la época, equivalente a un actus.  En las murallas de Itálica encontramos la misma medida exacta. Las separaciones entre las otras tres torres (BCD) son iguales entre sí, pero algo inferiores al actus : corresponden con mucha aproximación a los 100 pies romanos (29,4 metros). Esta serie de “coincidencias”, casi todas ellas relacionadas con criterios geométricos de ortogonalidad o paralelismo, consolidan la hipótesis de una implantación rectangular en el campamento romano primitivo, tal como viene representado en la imagen adjunta.

UNA POSIBLE AMPLIACIÓN DEL RECINTO PRIMITIVO

En el resto del trazado de la muralla (tramos paralelos a calle Morey, Almudaina y Palau Reial) desaparecen las características de extrema regularidad que presentaba el rectángulo ADA´D´: El trazado de la muralla pierde su ortogonalidad, y los restos de torres encontrados son de mayor tamaño que las anteriores. Todo ello permite contemplar la hipótesis de que estamos ante una ampliación del campamento primitivo, tal vez de época muy posterior. La clara geometría viene aquí distorsionada por la topografía del lado Oeste (hacia la vaguada del torrente), que obliga a inevitables deformaciones en el pretendido rectángulo del perímetro.

Numerosos son los signos camuflados en los actuales edificios que permiten seguir el posible perímetro amurallado G-L-N-K. Por motivos de espacio cabe remitirse a la bibliografía sobre este estudio.

En las imágenes se ubica el emplazamiento hipotético del teatro, el cual se encontraría seguramente rodeado de un suburbio extramuros, como se explicará más adelante.

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