AL ENCUENTRO DE LA PALMA ROMANA

IV
EL PRIMER PLANO DE PALMA



II. EMPLAZAMIENTO: HOMBRE Y GEOGRAFIA

III. LAS PRIMERAS MURALLAS

IV. EL PRIMER PLANO
DE PALMA

V. BASE DE DATOS
(FORMATO ACCESS)


VI. ULTIMAS INVESTIGACIONES

VII. ¡ PASEATE POR LA CIUDAD!



Cardus Y Decumanus

En las ciudades romanas de nueva planta, el trazado interior de calles solía basarse en un esquema de dos calles principales (el Cardus de Norte a Sur, y el Decumanus de Este a Oeste) que terminaban en las puertas de salida de la ciudad y se prolongaban al exterior enlazando con los caminos que unían el campamento con lugares del entorno. Las puertas de salida nunca eran, por tanto, más de cuatro para las ciudades-campamento de pequeño tamaño.

Cuando la ciudad tendía a crecer y el espacio interior amurallado resultaba insuficiente, la red de caminos exterior constituía una trama que daría lugar a la estructura de calles principales de la futura ciudad.

En el caso de Palma  el Cardus (que podría situarse en el eje de la actual calle San Roque) sería, no sólo la vía principal de la ciudad, sino la terminación de los caminos que comunicaban la ciudad con el Norte y el centro de la isla (actuales calles San Miguel y Sindicato), y sobre todo con la capital, Pollentia. Estos caminos tienen, en efecto, su “final” en lo que fué la ciudad romana de Palma, a la que acceden (después de unirse) en dirección perpendicular a la línea marítima, sin continuidad posible. Todo apunta a que esta vía, unión de los dos caminos citados, entraba a la ciudad por la puerta que estuvo situada en la actual calle Palau, a la altura del edificio del Consell Insular. No puede darse, por tanto, una situación más adecuada para responder al esquema clásico de campamento militar.  

El Decumanus máximo habría sido, en cambio, el eje (perpendicular al Cardus) paralelo al mar, y a su extremo se habrían encontrado otras dos puertas que habrían conectado con los caminos costeros, a uno y otro lado de la ciudad. Probablemente estos caminos exteriores habrían seguido el trazado de la actual calle Pureza (a Levante), y Costa de la Seo y Apuntadores enlazando con el camino a Portopí, a Poniente.

Puesto que la ciudad romana de Palma se asentaba en un solar elevado sobre el mar, no es lógico que existiera una cuarta puerta en prolongación del Cardus ya que se abriría en un acantilado. La Palma romana fue, pues, en su primera etapa, una ciudad con tres puertas. Su pequeño tamaño (unos 205x240 metros de lado) no requería más, y no conocemos campamento ni ciudad romana alguna, de estas dimensiones, que tuviera más puertas que las que corresponden a los extremos de sus dos ejes principales, Cardus y Decumanus.

EL PRIMER PLANO

 La regularidad geométrica detectada en el sector sur de la muralla de la “Almudaina Mayor”  apoya la hipótesis de un trazado viario asimismo regular en el primer proyecto de la ciudad-campamento.

¿Qué argumentos -por otra parte- podrían sustentar una justificación del trazado irregular para el trazado primitivo? Ni siquiera la hipótesis del aprovechamiento de un supuesto trazado urbano anterior tendría aquí el menor sentido, puesto que los poblados talayóticos de la época no podrían ser en modo alguno “aprovechables” por los romanos, cuyos conceptos urbanísticos y edificatorios eran radicalmente diferentes. No parece tener sentido, por tanto, pensar en la posibilidad de un trazado irregular en el primer campamento romana. En un terreno sensiblemente llano, y sin ningún condicionante de contorno importante, no hay motivo razonable para suponer otra cosa : el trazado primitivo fue con toda probabilidad del tipo hipodámico habitual.

Puesto que todo parece indicar que la primera planta de Palma fue la de un campamento militar, la primera referencia a analizar debe ser la tipología más usual en esta clase de asentamientos. Estamos hablando de una pequeña ciudad, posiblemente de superficie no superior a seis hectáreas, y de unas dimensiones que no sobrepasaban los 300 metros en ninguno de sus dos ejes principales. Sabemos que los campamentos militares construidos en Hispania y en el Norte de Africa en épocas cercanas a nuestro año cero (123 a.C.) tenían, en general, estas características :

- Calles principales (Cardus y Decumanus) de unos 8 a 12 metros de ancho, a veces porticadas a los dos lados.

- Calles secundarias, paralelas a las anteriores, de anchos comprendidos entre 4 y 6 metros.

- El número de puertas de la ciudad nunca era superior a cuatro, y se situaban siempre al extremo de las dos vías principales, Cardus y Decumanus.

- El tamaño de las manzanas -cuadradas o rectangulares- solía oscilar entre 40 y 60 metros de lado (salvo excepciones como Timgad, que tenía manzanas de 21 metros).

Aunque no siempre se mantenía la estricta regularidad en el tamaño de las manzanas, ni  la exacta ortogonalidad de las calles, en el caso de Palma no hay motivo para pensar que no fuera así, sobre todo tratándose de un asentamiento de nueva planta.

La perfecta ortogonalidad del eje AH  respecto al eje de la calle excavada en San Roque, y el hecho de que ambos ejes terminen en puertas conocidas del recinto,  parece avalar la intención de regularidad que presidió el trazado original de la ciudad. Vamos pues a rastrear la hipótesis de una primitiva ciudad romana de trazado ortogonal.

Como enseguida veremos, en el plano viario actual apenas se mantienen restos discernibles de aquel trazado. La “ley de permanencia del plano” parece cumplirse sobre todo en el trazado que hemos podido rastrear de una parte del recinto amurallado, y en la ubicación conocida de las puertas Este y Oeste. Pero es fácil entender que, a lo largo de veintiún siglos, los avatares de este pequeño recinto fueron suficientemente importantes como para desdibujar un plano viario en el que los edificios domésticos raramente superaban una planta de altura.

¿Qué otras modificaciones pudo sufrir la ciudad a lo largo de los seis siglos de dominación romana, y más aún después de la decadencia que siguió a la caída del imperio en el s. V y la posterior ocupación de la ciudad, o saqueo, por vándalos, bizantinos, árabes, pisanos y catalano-aragoneses?

No es de extrañar que los rastros sean escasos, y ni siquiera los hallazgos arqueológicos son muchas veces una guía definitiva, puesto que no siempre es posible datarlos con precisión. Lógicamente, los ocupantes de la ciudad, después de la caída de Roma, debieron aprovechar o reconstruir la cinta de muralla, el elemento urbano más sólido y con una utilidad defensiva que durante muchos siglos siguió siendo apreciada. Esto explica que la permanencia de la muralla sea de más fácil rastreo. Pero no ocurre así con el trazado de calles, que sin duda se vio sometido a diversas deformaciones.

Para la hipotética reconstrucción del plano viario rastrearemos, no obstante, seis tipos de regularidad geométrica, como posibles reminiscencias del plano parcelario :

a) Calles o límites de parcelas orientadas según los dos ejes principales.

b) Repetición en las medidas de separación entre tramos de calles paralelos, y orientados según una de las dos direcciones principales

c) Separación entre tramos de calles paralelos que responda a una medida exacta en pies romanos

d) Ubicación conocida de puertas en los  extremos de los dos ejes principales

e) Posible  similitud de tamaños (en anchos de calles y en tamaño de manzanas) con otras ciudades coloniales fundadas en la misma época.

En el plano de la figura vienen reflejadas aquellas trazas obtenidas sobre el plano parcelario actual que presentan -con un error admisible de ± 3º- un paralelismo con los (hipotéticos) dos ejes principales de la ciudad, Decumanus y Cardus. Afectan principalmente al área comprendida entre las actuales calles Morey, Zanglada, Estudio General y Mirador.

El área que presenta una mayor densidad de tramos orientados -ya se trate de límites de calles o límites de parcelas - es sin duda la contigua a la puerta V, a ambos lados del hipotético Decumanus, y en el tramo comprendido entre la puerta V y el centro geométrico de la ciudad.

Entre el conjunto de estos segmentos, orientados según las dos direcciones principales del trazado ortogonal, podrían encontrarse algunas de las posibles reminiscencias del trazado viario primitivo, y, en el caso más favorable (de observarse una regularidad en las separaciones de estos segmentos), podría incluso reconstruirse una probable hipótesis de este trazado.

 Pueden extraerse algunas observaciones orientativas:

1.   El área Norte del recinto (el sector situado por encima de la calle Estudio General) apenas muestra indicios de contener tramos orientados.

2.   Por debajo del eje de Estudio General los tramos orientados son abundantes, sobre todo en las áreas no afectadas por la implantación de la Catedral gótica.

a)   Estas dos primeras observaciones podrían llevarnos de nuevo a considerar la hipótesis de que, originalmente, la ciudad romana hubiera podido ocupar exclusivamente el área comprendida entre la calle Estudio General y el mar. La mayor parte de los restos romanos encontrados hasta ahora se ubican en este sector ( calle Estudio General, calle San Roque, Palacio Episcopal, claustro de la Catedral, calle Capiscolato, calle Sant Bernat).

Partiendo de la ubicación conocida de la puerta Pintada (P en el plano), que podría constituir una permanencia de la puerta Norte romana, el eje que la atravesaría en dirección al mar podría ser el eje del Cardus, como ya se ha dicho. Si bien este eje no coincide exactamente con el eje de la calle San Roque, en cuya prolongación se han encontrado restos de una calzada romana (existe una diferencia de unos 6 metros), el Cardus podría tener un ancho (habitualmente, 12 o 14 metros) superior al de la actual calle (3 o 4 metros), de modo que el desplazamiento del eje podría corresponder a esta diferencia. Los restos encontrados en la calle San Roque se podrían situar en la parte lateral de esta vía principal, o, incluso, podrían formar parte de un espacio aún mayor, como sería el foro, que probablemente se enclavaba hacia este punto central de la ciudadela.

El eje Decumanus, que unía las puertas A y A´ en dirección paralela al mar, aparece hoy deformado por sucesivos tramos (calles San Pedro Nolasco, Deanato, Pza. Almoina) pero se mantiene como vía de recorrido paralelo al mar, y es indicativa de las deformaciones que han podido sufrir otras calles del trazado romano.

El campanario de la Catedral mantiene una orientación en planta muy próxima a la del hipotético trazado romano (y aparece extrañamente inclinado respecto a la orientación de la Catedral gótica). El eje de la Catedral se dibuja forzadamente oblicuo, quizás manteniendo la orientación a la Meca que pudo tener la Mezquita que le precedió.

 

AREAS DE EXPANSIÓN A EXTRAMUROS

Existen dos zonas de la ciudad  cuyo trazado presenta características geométricas que invitan a considerar la hipótesis de asentamientos romanos extramuros del núcleo original :


Las zonas señaladas con las letras K (Calle Brossa) y N (Calle San jaime) serían zonas de expansión. La zona L corresponde al emplazamiento del teatro.

La zona baja de San Jaime

Se trata del área  situada al este de la calle St. Jaume. Esta calle presenta un trazado rectilíneo cuyo origen  no parece ser otro que la existencia previa de un canal interior, uniendo el punto superior y el inferior del meandro que el torrente formaba en su recorrido por las actuales calles Rambla y Unió.

Su trazado rectilíneo se completa con el de las calles que parten de ella en dirección Este, paralelas entre sí, (calles Beata Catalina, Àngels, Obispo, Sastre Roig, Sacristía, Armengol). Las separaciones entre los ejes de estas calles son sorprendentemente homogéneas. El hecho de que los posibles restos del teatro romano se localicen en un punto muy próximo a estas dos zonas permite considerar la posibilidad de un área de expansión de la ciudad romana más allá de los muros que englobaban el núcleo primitivo. Se trata, por otra parte, de áreas en las que existe un fácil aporte de agua, de modo que no sería de extrañar que acogieran algún establecimiento termal.




La zona de la calle Brossa

En el plano parcelario de la ciudad actual podemos ver como las calles Sta. Cilia, Danús, Brossa y St. Nicolás, situadas al Este del teatro,  se distribuyen de forma ordenada, paralelas, ocupando un área comprendida entre el acueducto superior y el torrente.

Se trata por tanto de una zona con fácil aporte de agua por canalillos en sentido longitudinal a las calles. Las separaciones entre calles mantienen distancias igualmente homogéneas.

Sin duda, prospecciones arqueológicas futuras permitirán corroborar o desmentir estas hipótesis.

 

¡INICIA TU VIAJE!